=EL ARTE DEL FUTBOL=

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(Por Popo Astudillo Méndez)
El arte del futbol, es también el arte de la guerra. Dicen los que saben que los partidos de futbol se ganan en la media cancha y que dependen también de un gran estratega, como en la guerra: en la historia del deporte de las patadas ha habido grandes directores técnicos que se coronaron campeones del mundo porque supieron utilizar adecuadamente al conjunto de jugadores que ellos previamente eligieron; la lista es larga, he aquí unos cuantos: Rinus Michel y su naranja mecánica –Holanda- Enzo Bearzat con su legendaria selección uruguaya. Estos estrategas tuvieron una particularidad fuera de lo común, hicieron bastante con tan poco, y el futbol es también el arte de la guerra.
Si quieres la paz prepara la guerra, le dijo un consejero a su rey en la antigüedad, y este ni tardo ni perezoso, le ordenó a su mejor general, prepárame también a un ejército de mujeres ¿de mujeres, le pregunto e mariscal? Si le dijo el soberano, como lo oíste de puras mujeres. Así que llamaron a todas las señoras y señoritas de ese reino a la instrucción militar. Y esta comenzó, las féminas no hacían caso a las indicaciones de avanzar o retroceder, cuando se alzaba la bandera roja o blanca en su defecto; se quedaban en conjunto riéndose nerviosamente. Entonces el estratega militar mandó traer a una mujer al azar y con su espada le quitó la vida. Con esa lección, a los pocos meses tenia a la mejor escuadra militar femenina de esos contornos.
Un entrenador que se precie de serlo, va a “exprimir” como se exprime a una naranja a sus jugadoras al máximo, en el puesto y lugar donde más le rindan, y jamás va a adular a la ligera a su mejor jugadora, al contrario, le va a exigir que rinda lo máximo en el terreno, y si es necesario la va a “sacrificar”, cuando lo mande a lesionar al mejor contrario –no que en la guerra y en el amor todo se vale- Hay muchas comidas que se comen en frio porque calientes no saben, pierden su esencia, así son los triunfos, muchas veces el técnico campeón celebra en la intimidad de su alcoba o de su baño levantando el puño con fuerza. La suerte -¡Ah la suerte, esa moneda que los dioses solo la dan a sus preferidos- en el futbol y en la guerra también juega.
Dicen que portero sin suerte no es portero. Zukov general ruso de la segunda guerra mundial, derrotó a los alemanes porque la suerte estuvo de su lado, cuando estaban a punto de sucumbir ante las legiones de Hitler, se vino una nevada intensa que no se había visto en muchos años, y así cayeron los alemanes. Nunca antes, tantos le debieron tanto a tan pocos. Gracias a Zukov, la humanidad no terminó en hornos crematorios o de esclavos, en el mejor o peor de los casos; usted elige, si Bearzot, Rinus Michel y Helenio Herrera, fueron campeones del mundo, y si Wellington y Blucher derrotaron a napoleón en Waterloo, así como Zukov liquidó a los Arios en las estepas rusas, creo que no fue por cuestión de la suerte; más bien creo que fue por orden de Dios. Las victorias tienen muchas paternidades, las derrotas son huérfanas, nadie las quiere. Que contradictoria es la vida, una victoria lleva implícita una derrota; mientras unos celebran, otros velan al muerto. Creo firmemente que Dios a veces no juega a los dados, ni mucho menos se ocupa y se preocupa por cosas superfluas.

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