=EL CEMENTERIO DE LOS NIÑOS=

Comparte nuestras redes
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
(Por Popo Astudillo Méndez)
El simple título de este artículo es triste, aterrador, traumatizante. Comencemos. En cierta ocasión, un viejo gruñón, mismo que despotricaba contra todo y todos; decidió abandonar su población natal. Abordó cualquier autobús que lo llevara al azar a cualquier destino incierto. Así llegó a una localidad asentada en un hermoso valle –como Chilpancingo- se bajó en el centro de aquella ciudad y empezó a caminar hacia las afueras; así arribó al campo santo e ingresó como autómata al mismo, de repente vio en las lapidas que tenían una muy desagradable inscripción. Decían lo siguiente: “vivió once años, cuatro meses y dos días. Leyó la siguiente tumba y marcaba también la edad que había vivido en la tierra: “ocho años con siete días y cinco horas.
Terriblemente sorprendido y horrorizado el anciano inconforme exclamó: “Que maldición pesa sobre esta población, cuyos habitantes mueren en tierna infancia. “Pues todas las tumbas describían que sus moradores eran niñas y niños. Salía apresurado del panteón, cuando el velador del mismo lo detuvo, para explicarle lo que en realidad pasaba con los moradores de ese lugar. No es lo que piensa, le dijo; en realidad los años, meses, días y horas que señalan las tumbas, es el tiempo que fueron felices estas personas en vida; pues la costumbre aquí, es la de anotar los tiempos de felicidad que disfrutaron; pues todos los moradores de estas tumbas en realidad llegaron a ancianos, con la observación antes descrita.
Al viejo gruñón le vino una repentina clama; y así regresó a su pueblo natal totalmente cambiado, pues reflexionó de su mísera existencia, preocupado y ocupado en cosas sin importancia. Sus vecinos se sorprendieron del cambio operado en él. Ahora a todos saludaba; a grandes y chicos, ya no corría a los niños de su cuidado jardín, al contrario, les regalaba golosinas, era acomedido con sus congéneres, hasta donde sus exiguas fuerzas se lo permitían; buscando recuperar el tiempo perdido, y anotar en el libro de su vida las horas en las cuales había sido feliz.
El mensaje de este escrito es muy claro, en muchas de las ocasiones a los seres humanos nos llegan impresiones que nos sacuden y tratan de despertarnos de nuestro letargo, como al anciano de este tema. Gastamos nuestras energías en actividades denigrantes e incomodas. Sin darnos cuenta que la acumulación de posesiones y dinero no es el camino a ser felices, al contrario; son auténticas cadenas de preocupaciones. En esas horas en familia está la verdadera felicidad; cuando vemos divertirse a nuestros retoños corriendo, quebrando la piñata, cantando; somos felices.
Por eso estimado lector, apunte en el libro de su vida cuantas horas de felicidad acumuló esta semana que pasó. Las malas noticias y los malos sucesos por salud mental los olvidamos pronto. ¡Suerte!

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *