=HISTORIA DE FAMILIA=

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(Por Popo Astudillo Méndez)
Julio Astudillo Méndez fue mi abuelo. Y como dice el corrido la “leva” lo hizo soldado, allá por los últimos años de la dictadura porfirista. Originario de Xochihuetlán, Guerrero de donde fue prácticamente “arrancado” de su esposa e hijos –dos- y su entorno campirano. Mi abuelita llevó el nombre de Jacinta Bravo Hernández, tuvieron sólo dos hijos, a mi tío fausto -1903- y a mi santo padre Felipe -28 de mayo de 1905- Como soldado de leva, Don Julio fue llevado a la ciudad de México, probablemente al finalizar la década de 1910; allá en la ciudad de los palacios.
Toma muy en serio la carrera de las armas, al pasar los años se hace soldado. Llega 1910, se incendia la República Mexicana por la Revolución; el soldado Julio Astudillo participa en varios combates; en uno de ellos es herido en el hombro derecho, por parte de atrás; llegó a contar a sus hijos que nadamas sentía caliente y algo mojado, pasa su superior y le grita ¡Astudillo, está usted herido pecho a tierra! Ya en esta posición mi abuelo continúa disparando.
Y viene la decena trágica: El usurpador Victoriano Huerta –hombre de confianza de Don Francisco I. Madero- se rebela contra el presidente, lo manda aprehender junto al Vicepresidente José Ma. Pino Suarez, este general se convierte en “chacal” y ordena el asesinato de estos personajes; para esto el ejército se divide, unos toman partido por Don Francisco y otros por el usurpador Huerta, así se viene lo que conocemos como la decena trágica; sus escenarios la ciudadela y el Palacio Nacional; la fecha fue del 09 de febrero al 19 del mismo mes de 1913. Don Julio toma partido de la llamada ciudadela. Construcción a la que se le abre un boquete en el cual se coloca una ametralladora. Pasado un combate, viene cierta calma; y entre partes de bardas caídas aparece una mujer menudita, lleva a dos niñas en ambas manos; se las arregla también para llevar un pequeño canasto, “el rancho” para su marido –comida- El soldado Julio Astudillo la ve de lejos y le pregunta ¿A que ha venido Jacinta, exponiendo a los niños? Ella con ese carácter firme que tenía le contesta: “sólo cumplo con mi obligación te traigo tu comida Julio”. Recibiendo el regaño de mi abuelo.
¡JACINTA!, Ya bajo las órdenes del general Luis Medina Barrón, su regimiento es trasladado a la ciudad de Zacatecas, es el año de 1914, mes de julio, las ordenes son defender el cerro de la “Bufa”, desde el cual se mira la ciudad, las escaramuzas contra los dorados de Francisco Villa empiezan desde el 20 de ese mes; el centauro del Norte, reúne a su mejores generales: Felipe Ángeles, Pánfilo Nateras, Maclovio Herrera, Toribio Ortega, así como la brigada “Urbina”. El 23 de julio de 1914, la ciudad de Zacatecas es escenario de la batalla más grande que se haya escenificado en territorio nacional, la División del Norte cuyo General en jefe era Francisco Villa, con casi 20,000 hombres; el ejercito de la República con un número igual.
El encontronazo duró nada más nueve horas. Triunfaron los “dorados” de Pancho Villa, en esa mascare impresionante. Los trenes procedentes de Zacatecas empiezan a llegar a ciudad de México, su pitar es lúgubre, allí en la estación de Buenavista. El tumulto es de miles de mujeres –madres, esposos, hijas- con la esperanza de ver llegar a los suyos, pero los vagones vienes prácticamente vacíos, llega un tren, llega otro y el desánimo cunde entre las mujercitas. Llega el último ferrocarril, una mujer menudita con dos niños no pierde las esperanzas; y en una ventana del último vagón, aparece el rostro moreno de Julio Astudillo, que al ver a los suyos grita ¡Jacinta! Viene herido, pero con vida, lo ayudan a bajar para besar la carita de su esposa e hijos.
FAUSTO ASTUDILLO BRAVO. Como he comentado, nació en 1903, el destino lo llevó a la ciudad de Cuernavaca, Morelos, allí se casó, tuvo también dos hijos –Cupertino y Felipe- de apellidos Astudillo Dolores. En la ciudad de la eterna primavera se descendencia fue números, los Astudillo de Chilpancingo, tenemos muchos primos y sobrinos, desconozco la fecha de fallecimiento de mi tío, pero ya pasaron muchos años.
FELIPE ASTUDILLO BRAVO. Antes de conocer a mi Santa madre, la profesora Silvia Méndez Sosa, mi también santo padre, tuvo otros hijos, a mis hermanos mayores: General de División Hermógenes Astudillo Ayala, recientemente fallecido por el Covid; a mis otros hermanos Rodolfo y Elodia Astudillo Vázquez, también ya fallecidos. Mi hermano Rodolfo tuvo una familia prospera aquí en Chilpancingo, Guerrero. Mi padre se tituló como profesor en el año de 1938.
Con la profesora Silvina –mi madre- tuvieron once hijos, y estos fueron: Salomón (+) Dante, María Teresa (+), Martha Patricia, Felipe, Chimalpopoca, Citlali, Yolotzin, Cuauhtémoc, Tonatihu y Calipso de apellidos Astudillo Méndez. Estas modestas líneas las escribo con gran sentimiento y en honor a mi querido padre el profesor Felipe Astudillo Bravo, en ocasión a un año más de su nacimiento, así también para que la descendencia de este gran hombre, conozcan sus raíces y enaltezcan el nombre de sus antepasados.
MI ABUELITA. Jacinta Bravo, la conocí en fotografía, sentada majestuosamente en una silla, con sus trencitas, su infaltable rebozo en la diestra su biblia y en la siniestra su rosario; sus arruguitas en la frente y en sus manitas. Cuando llegó la tía Lola de Xochi -¡Ah! es palabra, vocablo, expresión que tiene más de mil años pronunciando en estas tierras- pensé que era mi abuelita Jacinta, ¡oh decepción! Mi pensamiento de niño me llevó a pensar que mamá “Chinta” sólo le había prestado su rebozo, su rosario, su biblia a mi tía Dolores, y también dije que le había prestado sus trenzas y sus arruguitas.

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