CANCHAS PRIVADAS

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Deseo preguntarle al aficionado al futbol, que cancha existe en Chilpancingo, donde no le cobren por hacer uso del espacio deportivo en cuestión. Muchos futboleros se han de acordar de las famosas “cascaritas” y retadoras en consecuencia que por las tardes se formaban, primero en el frontón de la Universidad, y después en todo espacio deportivo público que se prestase para ello.

Después del frontón, conocí la cancha del “Rastro”. Donde por las tardes se formaban excelentes retadoras, misma instalación que fue semillero de grandes futbolistas a nivel local y estatal, hoy la “modernidad” ha mandado al carajo a esas sabrosas “cascaritas” que en antaño practicábamos. Antes que se empastara la famosa cancha de la Galeana, por las tardes concurríamos jóvenes y no tan jóvenes a “cascarear” por las tardes, “cascareros” de la San Juan, Huacapita, las Américas y colonia Haciendita. Antes que se empastara la cancha dos de los Avispones (así se le conocía) concurrían infinidad de futboleros a “echar” las retadoras, claro sin pagar un solo peso. Pero nada más se empastaron estos terrenos de juego, y se acabaron las “retadoras”, porque surgieron las famosas y dinereras escuelas de futbol. Así de sencillo, primero el dinero y después el deporte popular. Me quitaría el sombrero si algún promotor deportivo por entrenar a infantes no les cobrara un ojo de la cara a los papás de estos peques. Otro caso muy curioso, cuando un terreno de juego sale beneficiado para el empastado, al estar este, aumenta sus costos por el uso del suelo. ¿Por qué?, el administrador o los administradores de ese espacio argumentan –favor de no reírse caro lector- es que es para mantenimiento, ahora si carcajéese.

Hace unos cuantos años, por las tardes, bajaban de la colonia Tatagildo un considerable número de niños y jóvenes a practicar el futbol, a ese espacio, a esa cancha que los chilpancingueños conocíamos como “de la Tata Gildo”, y nuevamente claro, sin pagar un solo peso partido por la mitad. Hoy esos jóvenes ya son padres de familia, y si quieren que sus hijos jueguen al futbol como ellos lo hicieron, tienen que pagar en rabioso efectivo. La otra cara de la moneda, cuando el ciudadano gobernador entrega o inaugura estas “flamantes” instalaciones, sin querer divide al vecindario, todos quieren administrar el “juguetito” nuevo, entran en pugna por llevar las riendas del famoso Comité de Desarrollo de la colonia. Porque saben los habitantes de la colonia en cuestión, que hay dinero, y si lo hay. Insisto, el gobernante en turno aplica esa máxima en política de: “divide y vencerás”, y así salen enemistados compadres y comadres, vecinos y vecinas, en su afán de administrar a la gallina de los huevos de oro.

Si algún Villamelón o ciudadano ajeno al deporte de las patadas ve esas canchas, su primera reacción es de asombro, y piensa para sus adentros. “Qué bonita cancha, el gobierno está trabajando”. Mas no sabe el sujeto en cuestión, que ese espacio deportivo, dejó de ser público para convertirse en privado, y si los padres no tienen dinero para pagar la escuela de futbol al hijo, simplemente el niño no practicará su deporte preferido. Si esta es la finalidad de quienes regentean canchas deportivas empastadas, mismas que no les costaron un solo peso de su bolsillo, entonces desde aquí aliento a los colonos a organizarse en planillas y acudir a la oficina de Barrios y Colonias y exijan a la voz de ya, la convocatoria para el cambio comité de dichos asentamientos.

Le preguntaba a un cubano, el por qué Cuba fue potencia deportiva en el Continente por décadas, sólo encontraba rival en los Estados Unidos, a lo cual me contestó: “En Cuba llegan a dirigir los centros deportivos, sólo gente capacitada en el ramo”, no improvisados. Usted tiene la mejor opinión.

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