JUNTA DE ÁRBITROS

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Enfundados en pants, playeras deportivas, tenis y oliendo a limpio, con las bromas y sonrisas a flor de labios, los árbitros se disponen a iniciar una junta más de sus reuniones semanales; donde califican sus actuaciones, analizan sus yerros, exponen su problemática, se disculpan, se aconsejan y se critican. Durante casi dos horas “los hombres de negro” comentan la problemática arbitral, enumeran a los jugadores de equipos que les crean más problemas, se quejan de la falta de garantías en ciertas canchas, y bajo la batuta del Presidente de árbitros, escuchan lo que deben y no deben hacer dentro y fuera del terreno de juego. Durante la charla técnica, en cartulinas se presenta los asuntos a tratar: freno al juego violento, y por añadidura protección a los jugadores habilidosos, control firme de los partidos, desde el comienzo y hasta el último minuto.

Toma de decisiones, conducta de los entrenadores; así como cooperación de los árbitros asistentes, y con firmeza el Presidente de los árbitros califica a cada uno de sus agremiados “llevaban bien el partido, pero en el segundo tiempo perdiste todo lo que habías hecho e inmediatamente voltea hacia todos y afirma: “cada patada la deben sentir como si se las estuvieran dando a ustedes”. Un aspecto preocupa en particular a un miembro de la directiva: hay que tomar medidas más severas contra esos jugadores que los retan, que casi los empujan, y a los que ustedes tienen bien identificados, porque esos jugadores les hacen perder la concentración, y los exhiben como silbantes no aptos, no capacitados, y remata: “los escritos de protesta de los equipos, perdón por la expresión, nos valen un comino”, y la charla sigue: “al árbitro le enseñaron a memorizar las reglas de juego, pero no la manera de arbitrar, de prevenir el juego desleal, de planificar un partido, de prepararse mentalmente para un encuentro de alto riesgo”.

El H. Colegio para Árbitros de Futbol cuenta con veinte elementos, dice que la actividad arbitral siempre será polémica, y la misma se situará entre el error y el acierto, y pone un ejemplo; “si tú como padre le das a manos llenas a tus hijos, los estas educando mal, pero en cambio si eres justo, les das lo necesario, y los reprendes ante las faltas que cometan, siempre verán a ti el papá honesto y justo, y se acercarán; así exactamente es el arbitraje. Un miembro de la directiva continua: “no vamos a convencer a nadie, cada quien tiene su posición y se maneja bajo sus propios intereses, acepto que cometemos errores, no hay árbitros perfectos, tenemos elementos buenos, malos y regulares; nos estamos preparando continuamente, no basta tener buena condición física, se debe tener mística y preparación de acuerdo con las exigencias, el árbitro debe ser un líder dentro del terreno de juego”.

Con ganas de irse, lo árbitros pasan a checar sus partidos, termina la sesión, los árbitros como niños salen de su clase, recordando una frase inscrita en la pared: “Somos más inteligentes, por eso somos árbitros”, esta y otra que definió un instructor en una charla pasada: “la relación del árbitro y los jugadores, debe ser como la del hombre y la mujer: “el hombre llega hasta donde la mujer quiere”. La crítica: estas juntas suceden en un verdadero colegio de árbitros, en tanto el rolador está asignando los encuentros de fin de semana, no van los silbantes a la grilla y a pelear que les den más partidos. Esto sucede en un verdadero Colegio de Árbitros.

Foto: Colegio de Árbitros de Futbol Hermanos Memije Rodríguez

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