MARRUECOS V.S. ESPAÑA

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(Por Popo Astudillo Méndez)

El pretexto fue la eliminación de la selección española de futbol por parte de Marruecos en Qatar. El mundo árabe celebró el triunfo de los marroquíes como propio. Las comunidades migrantes (mal vistas) en Europa, ganaron los lugares públicos y agitaron banderas argelinas, palestinas, africanas y un montón de etcéteras. Un sentimiento reprimido salió a la luz pública en esas ciudades europeas; esas naciones históricamente colonizadoras recibieron una cachetada con guante blanco en su propia casa. Les ardió, al ver la coronación de los humillados y la humillación de los coronados. Escribo con gran emoción este artículo, por la sangre árabe que corre en millones de mexicanos. Cuantos mexicanos no pasan y pasarían como árabes en Egipto y Arabia Saudita y el mismo Qatar. Ocho siglos estuvieron los árabes en la península española.

El pretexto fue el futbol (redundo) en un mundo dividido, polarizado, enemistado, por ellas, esas naciones invasoras, explotadoras de las riquezas de los pueblos conquistados. Ante los graves y grandes problemas de raza, religión y cultura, a veces se juega a favor de los imperios, pero ni con arbitraje a favor se logra humillar a una excolonia, cuando el tirador falla el penal ante la murallada de la historia, es frustrante. Una, dos y tres veces la frustración se hace presente para unos; para otros es la celebración de la rabia contenida, ese coraje que todos los días reciben los migrantes en las ciudades europeas; cuando desempeñan labores que los blancos europeos se niegan a realizar.

A veces un triunfo en un partido de futbol representa muchas cosas, tiene muchas lecturas, como si después del minuto noventa se tratara de parir un nuevo orden mundial, con un árbitro más justo, más imparcial. Después del mundial, cuando todos regresen a casa en esas sociedades blancas; cuando un Marroquín reinicie la faena de lavar los baños en Madrid; o en un tunecino lave los platos en un restaurante en Londres, sabrán que si se puede; si se puede triunfar en un partido de futbol, trátese del rival que se trate. No hubiera tal división y polarización en el mundo, en las sociedades y en los estadios, si los coronados no tuvieran tanta hambre, pues después de tragar, tienen aún más hambre.

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