=NUEVOS AMIGOS=

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=NUEVOS AMIGOS=
(Por Popo Astudillo Méndez)

Ricardo y Leonardo tienen once y seis años respectivamente, el primero es mi hijo y el segundo es mi nieto. Tienen nuevos amiguitos: José y Daniel, los conocieron en el parque que está dentro de la colonia, prácticamente estos pequeños viven en la indigencia, sus ropas así lo dicen. Siempre andan en la calle, más José el más pequeño de escasos siete años; desconozco si viven con sus papás, o sólo viven con su mamá; o esta encargados con la abuela. Lo cierto que veo que no hay adulto que les preste atención que requieren todos los niños a esa edad. Ocasionalmente por las tardes llevo a mis hijos al parque, y allí juegan con estos niños, que por lo general siempre están allí. Daniel el mayorcito me confió que a José lo van a meter a un internado, “Porque siempre anda en la calle”. Lo cierto que quién este a cargo de estos peques, se las ve difícil para su manutención y por ello muchos adultos recurren a los internados para salir del “problema”. Le comenté a mi esposa que deberíamos invitarles un plato de cereal y leche a esos niños, ella con su sabiduría de esposa me dijo: “si los invitamos, diario o muy seguido van a estar aquí”. Cuánta razón tiene, y ese alimento que invitaríamos, el día de mañana lo estaríamos necesitando mis hijos. Por mi precaria condición económica. Le experiencia me ha enseñado que un niño de la calle, madura más rápido emocionalmente, que un pequeño que tiene los cuidados que debe recibir en el hogar. Un niño que prácticamente anda fuera de casa, sin atención y vigilancia, está expuesto a muchos peligros, más en estos tiempos que corren.

Hace unos meses, vi un matrimonio, vecinos de una colonia de donde vivo, pegando foto copias de un niño, en el pie de foto se pedía información del paradero del pequeño, me acerque al esposo, al cual conozco de vista. Le pregunté; informándome al instante que fue a la escuela y que ya no regresó; que los papás del niño son sus vecinos. Me imagino el drama y la tragedia que los padres del niño estaban viviendo. Le comento a mi hijo mayor que tiene que caminar como cinco cuadras para llegar a la escuela, que vaya por la calle muy atento; que si algún adulto o anciano le quiere hacer platica que siga derecho, y si alguien le dice que va de parte de sus papás, para llevarlo a casa que actúe igual. Pero igual, desaparecen tantos niños, jóvenes y adultos, y nunca se llega a saber de ellos. Mi infancia se desenvolvió en un ambiente más sano, en una sociedad más estable y ordenada que esta sociedad actual. De niños nuestros padres y los adultos nos espantaban con los cuentos de los robachicos, las húngaras, los vampiros y la llorona; pero eran puros cuentos, con los cuales buscaban impresionarnos y así no anduviéramos tanto tiempo en la calla. De niño mi mundo abarcaba desde la presa Cerrito Rico, hasta las pozas de Ocotepec, pasando por la alberca de la Posada Meléndez, la alberca del Apolonio Castillo y el Mercado Baltazar R. Leyva Mancilla. Otra aventura era ir a las albera de la entonces llamada Casa de la Juventud, meterse sin pagar los rigurosos cinco pesos, y después irnos al Motel San Antonio, brincarnos la barda y cortar los diferentes frutos que daban sus árboles. En esos lejanos años, nunca nos enteramos de que se hubiera perdido o desaparecido un niño o un adulto, como en los tiempos canallas que corren actualmente.

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