UNA CITA ASÍ

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UNA CITA ASÍ
(Por Popo Astudillo Méndez)

Miguel espero con ansias el fin de semana, pues iba a ser su primera cita. El escenario; cinema uno del conjunto turístico Jacarandas, allá por donde quedaba la agropecuaria; allá mismo donde Agapito en su circunvalación daba como el aire su última vuelta. Nuestro personaje toda la semana se portó bien en su casa, haciéndole los mandados a su mama y barbeando al papá para que le diera un buen domingo en esa fecha tan esperada. El señor de la casa un poco en fuera de lugar le pregunto a su esposa ¿y a este que le pico? la señora con una sonrisa maliciosa le contesto; cosas del amor y de la adolescencia.

Y llego el día esperado, el sol salió más radiante que nunca; pues debe saber el lector que el astro rey sale para todos; es como la muerte, no se le niega a nadie, ambos son muy democráticos. Miguel ocupo la mañana en ir al deportivo, al basquetbol con sus amigos de la calle; y en la misma vía pública se topó con el amor de su vida, ambos intercambiaron miradas amorosas, terminando con el clásico guiño de ojos.

Ya por la tarde nuestro personaje, era un manojo de nervios, tenía sus mejores garras bien acomodadas sobre su cama, se bañó como nunca lo había hecho; así también se aplicó loción para después de afeitar de la que usa su padre. Se cepilló a conciencia la boca aplicándose también astringosol, taqueado y perfumado salió de su “leonero”, ante la mirada atenta, vigilante y sorprendida de la autora de sus días. Con un billete de tres ceros en la cartera abandono su casa, ya no era el mocoso latoso que de continuo quería estar pegado a las faldas de su madre; pues usted debe saber caro lector que así se comportan esos chamacos que están pasando de la niñez a la adolescencia, pegados como lapa a su madre.
Miguelito espero a su amor, con ansia perruna en las jardineras de ese famoso cinema Jacarandas, mismo que fue escenario de ese primer encuentro, con un ramo de rosas rojas, chocolates, besitos y toda la cosa.

Tomados de la mano subieron por esas escaleras de cemento hacia la taquilla, ¡Ha si esas jardineras y banquetas hablaran! Cuantos secretos no dirían, de encuentros inconfesables y amores contranatura. Y así tomados de la mano ingresaron a la sala de cine que ya estaba totalmente a oscuras, pues se estaba estrenando “La Guerra de las Galaxias”. Pero este par de tortolos ni por enterados de ese peliculón, si sus padres o hermanos les hubiesen preguntado cómo estuvo la película, no sabrían que contestar. Ocuparon los últimos asientos de la última fila, se sentaron cómodamente, aun en la oscuridad lograron mirarse fijamente uno al otro, las palabras sobraron y se entregaron al faje; los besos eran tronadores, tanto así que los espectadores más cercanos dejaron de ver la película, para investigar quienes se besaban con tanta pasión, cuando Miguel le decía a Oscar Te quiero con toda mi alma.

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